Una de las condiciones impuestas por la vida que más me frustran es saber que no puedo explicarme. Que no puedo hacer que los demás sientan mis palabras exactamente como yo.

Quizá digo una frase que he construido con mucho cuidado, eligiendo las palabras más precisas para lo que quiero decir, y que se armonicen lo más fielmente con las sensaciones que tengo internamente sobre ese acontecimiento (o pensamiento, o recuerdo, o imagen, o lo que sea)… Pero todo material influye en el resultado de cualquier reacción.

No sabe igual un guiso con cuchara de madera, de metal, de plástico o de cerámica. La sensación sutil, la percepción de lo saboreado, la influencia del propio material añadiendo su sabor o su neutralidad, lo hacen diferente. Será un guiso amaderado, metalizado, con aroma plástico… incluirá la calidez o frialdad del material, la sensación de la superficie y cómo deslizan mis labios por ella. Aunque yo extraiga un guiso de la olla, lo que trago es algo diferente a lo que había dentro.

Lo mismo pasa con las palabras. Mi guiso interno requiere de recipientes y materiales; palabras que sabré encontrar o no, y sensaciones propias que no puedo compartir. Quizá el frío que yo asocio a este «azul» que estoy nombrando, no puedes encontrarlo en el simple sonido de su nombre. Y menos la incomodidad que me produce ese frío, ese temor a la muerte que siempre envuelve al frío… a lo frío. Incluso en lo mínimamente frío que hay asociado a la palabra azul. Hay algo moribundo o mortífero en el azul, que nadie más percibe cuando sólo se dice «cielo azul». Ni tampoco aparecen las múltiples interpretaciones de cielo. Porque el cielo no es estático, no está detenido. El cielo cambia y trae más sensaciónes, preguntas, dudas…

Si no existiese el tiempo, «Mirando el cielo azul» sería algo sólo ligeramente perturbador. Pero, existiendo el tiempo y la vida, ese gesto está lleno de emociones, es un hervidero de significados, de posibilidades. Y no es fácil.

No es fácil escribir.

No es fácil simplificar lo infinito, las ramificaciones, lo lleno, en algo que parece simple. En frases. En palabras que cada vez más se escuchan como si fuesen números en lugar de alma…

Azul. Cuatro letras. Vocal abierta central, consonante fricativa interdental sorda, vocal cerrada posterior, consonante lateral líquida alveolar sonora.

Azul… Mira al cielo en diferentes días y momentos. Mira al mar en diferentes días y momentos. Míralos desde diferentes estados anímicos. Mira unos ojos azules con diferentes emociones, mirándote, viéndote, invadiéndote… Mira flores y mariposas diminutas y pregúntate por qué existen, por qué son azules, por qué te parecen hermosas, por qué… Y por qué no les afecta tu alegría, tu tristeza, tu presencia, tu existencia. Por qué el azul cubre la Tierra, por qué la envuelve. Por qué se vuelve casi negro en el firmamento. Por qué no como nada azul… pero sé que es dulce. Es dulce y ligeramente frío. Y aun así, calmante…

«Azul» es abarcar la Vida. «Azul» es infinito. «Azul» me vuelve infinita…

Pero, no puedes sentirlo, sólo leerlo.

Esa es la maldita limitación de la comunicación humana. Y es frustrante.

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