Orión es un lugar desde el que mirar y sentir el mundo, sin dar explicaciones. Orión es alguien siendo, percibiendo y dejando correr el resto, sin aferrarse a una identidad limitada.

Todo se vive dentro. Los colores están dentro de uno mismo, no son algo externo. Ningún sentido establece un límite entre lo externo y yo. No hay nada externo. Somos y sucedemos a la vez.

El espacio es algo raro, porque no separa. El tiempo es raro, porque no apremia ni compara.

Orión está en el lado opuesto de lo socialmente explicado y normalizado.

Vivir en ese estado es estar en casa. Los cielos cambiantes son el mejor olor del mundo. El sol en la piel es abrazo, es nana, es maternal. Todo es compañía, todo es alimento, todo es constructor y pieza.

No existe la información. Sólo se existe, en un Todo reconocible y admirable.

Orión se aparta. Orión se detiene cuando alguien se siente externo y hace, dice, piensa, en lugar de ser. Entonces, Orión deja de reconocer, deja de entender… El trabajo de traducir actos en esencialidades le agota. Se retira. Se aparta. Duerme para reparar la brecha.

Duerme para descansar del tiempo y del espacio normalizados. Duerme en Orión, en lo infinito, en lo unido. En lo que no necesita ciencia ni ley, ni respuesta. En lo que no necesita nombre, ni números, ni aprobación.

Fuera de Orión hay que ganarse la vida y lucharla.

Desde Orión, vivir es ser la Vida.

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