Puedo explicarte el recuerdo, pero no la sensación en el cuerpo.

Un olor o una luz la despierta, y aquellas personas vuelven a estar vivas, a ser jóvenes. Vuelven su voz, su olor, otros olores relacionados con ella… y otros recuerdos. Quizá un color que la identifica, una prenda, una comida… y su sabor. Y los sonidos en la cocina o en el comedor. Y otra persona que la compartía con nosotros… con su propia voz, su peculiar sonrisa o un gesto.

No es un sólo recuerdo.

Me quedo parada en mitad de la calle, atrapada por todas esas sensaciones que nadie más siente, que nadie volverá a poder sentir nunca porque ya no están ni el tiempo, ni el espacio, ni las personas. Y se mezclan las sensaciones con añoranza y con duelo.

Y el recuerdo se transforma…

Ese olor, esa luz, que empezaron siendo reconfortantes y hogareños, se anudan en mi garganta.

Miro las nubes en el cielo, que siempre se mantienen iguales. Son las mismas que miraba de pequeña. Ellas mantienen intacto aquel tiempo y aquel espacio.

Están todos ahí.

Ahora entiendo por qué dicen que los seres queridos van al cielo. No es un cielo abstracto. Es este, el de hoy. Están todos ahí. Hablando, oliendo, riendo, cocinando, comprando pan recién hecho y comiéndolo a pellizcos de camino a esa casa que siempre seguirá ahí…

(Casi 18 de Marzo…)

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