Soy consciente del alcance escuálido de esta reflexiones, así que he decidido hablar de todo lo que quiera. El tema de hoy es la prueba de ello. Puedo hablar, y voy a hacerlo hoy, hasta de las heces de mi perro.

El otro día, al sacarle a pasear, eligió un lugar curioso para hacer sus necesidades. No por el lugar, sino por el estado del lugar. Debajo de un olivo que ya había dejado llover casi todas sus pequeñas flores blancas, en el suelo cubierto de ellas.

Mi perro hizo caca sobre el manto de florecillas muertas y quedó rebozada de ellas. La visión me pareció momentáneamente bonita, romántica, hasta que recordé que era caca, igualmente, aun adornada con flores.

Esto me llevó a reflexionar sobre dos cosas:

  1. Cuánta mierda nos venden adornada de flores. Desde la apariencia personal de muchas personas, que luego no tienen nada o poca belleza interna, hasta las ideas y creencias. Absolutas mierdas inútiles, perjudiciales, contrarias a lo natural y lógico. Nos intentan convencer de sus bonanzas y/o belleza adornándolas con flores (muertas, recordemos). Una de esas flores es, por ejemplo, la fama.
  2. A veces sucede al revés. Aquí la caca quedó adornada y estéticamente mejorada, aunque su esencia siguió siendo la misma. Pero, en otros casos es al contrario; es la mierda la que ensucia, afea y perjudica la visión de algo que es bueno y bonito por sí mismo. Impide que algo sea disfrutado o suficientemente valorado. Ensucia la superficie, aquello que la persona ve. Aunque lo manchado no haya cambiado su esencia.

La mierda sigue siendo mierda aun con las flores.

Las flores siguen siendo flores aun con una mierda al lado.

Pero, las personas nos olvidamos fácilmente de la esencia de las cosas, de las ideas y de los seres. Y sonreímos ante la mierda o rechazamos con asco las flores.

Y esta fue mi reflexión sobre la caca de mi perro, que me permito contar aquí sin miedo a molestar a nadie.

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