Disfruta del calor, amigo. Disfruta.
No tengas tu cuerpo al fresco todo el tiempo.
Cuando el mundo ascienda al nivel fuego,
deberás haber entrenado a tus células…
No es un cambio,
ni es climático.
Es visceral y es un proceso.
Cuando te ardan las entrañas
por la temperatura de los hechos,
deberás poder enfriar el alma,
tu mirada y tu lengua,
y actuar con rigor glacial
para vivir en medio del volcán
sin entrar en combustión.
Observa el calor con sonrisa y
serenidad elegida.
Observa los incendios sabedor
de que tu temperatura interna
puede sofocarlos.
Plántate en la carretera
a observar el horizonte ondulado;
acostumbra a tus pulmones
al aire soliviantado
y candente del aliento ajeno.
Respira y transfórmalo.
El calor no es estado.
El calor es regurgitación.
Si tu alimento es cercano a la ambrosía,
lo más humanamente cercano,
nada enturbiará tu estómago.
Y el calor será paisaje.
Y el calor será proceso observable.
Y verás el cambio aclimatarse
en silencio y sin sangre.