Dar permiso a la Vida

Esa disposición de tu energía vital para que las cosas suceden de una forma que no has pensado.

Es decir, confiar.

Soltar el control.

Abrir las puertas a áreas fuera de tu zona de confort.

Sí.

Aunque no suceda, pero… tiras el escudo, la frontera, el «yo no puedo, no merezco, no va a pasar…» Y dejas un Si. A veces con tilde, a veces sin tilde.

Es una sensación tan rara. Tan difuminada. Con un horizonte tan abierto que da vértigo.

Vértigo real, físico.

Es cuando más noto mi falta de valentía o de temeridad. Cuando ese permiso me produce tal vértigo que renombro mis deseos y sueños como estupideces…

Amenaza el No…

Nunca puede ser temeridad, porque pienso casi todas las posibilidades. Pero, al menos optamos a la valentía.

Amenaza el No… Pero quieres decir Sí.

Quieres…

Miedo.

Ansiedad.

Y si…

Si pudiese ser un Sí.

Abrir la puerta, solo eso. No hace falta saltar fuera.

Dar permiso a la Vida para entrar en tu guarida.

Abrir la puerta… Vale.

Sí.

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