Finjamos que hablo de ti,

aunque sabemos que no existes,

que te perdiste en aquello que no dije,

y que nunca me dejé sentir.

Finjamos que tu nombre está guardado

en los diarios que pude haber quemado,

o que siguen guardados en mi caja.

Aunque es todo fantasía…

Finjamos que tenías propia vida

y que no saliste de un deseo inconfesado;

de un deseo que fue necesitado,

pero nunca tuvo cuerpo que lucir.

Finjamos que no tuviste cuerpo,

ni nombre, ni mirada.

Finjamos que te veo en los recuerdos

o imagíno tu llegada.

Finjamos que te nombro y me respondes,

y que fuiste en algún tiempo realidad.

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