En «Dune» se sugiere la invención de una palabra para los recuerdos que se rechazan.
Rechazuerdos, genéricamente.
Malcuerdos: aquellos que son desagradables, pero no dolorosos. Algo así como las situaciones que te resultan ridículas o vergonzosas.
Tabúerdos: lo que no puede ser nombrado, porque duele o es potencialmente peligroso.
Naduerdos: aquellos para los que has conseguido crear un muro infranqueable incluso para ti mismo. Los traumáticos, que sólo acceden a la superficie en forma de comportamiento extraño, fuera de lugar y exagerado, o en pesadillas. Esos que sólo consigues ver de manera difusa, sin solidez, como si fueran una idea por concretar. Cuando quieres nombrarlo, sólo puedes decir «pasó algo». Y ese algo es una niebla, una incomodidad, un nudo en la garganta, una tensión en el estómago. Es casi una nada, con el vértigo que siempre va asociado a las nadas verdaderas. Un vértigo físico para una nada espiritual.