Cuando no sé exactamente cómo me siento, pero sé que algo no está bien. Quizá tristeza, quizá rabia, quizá nostalgia, quizá miedo… O un cóctel de todo junto en pequeñas o grandes dosis. En esos momentos es cuando escribir más me ayuda.
Cuando me siento así, escribo. A veces escribo poniendo conciencia en lo que escribo, narrando lo que ha ocurrido o qué siento. Quizá cosas que no me he atrevido a decir en voz alta delante de los demás. Es mi manera de poner orden a los acontecimientos y tratar de entenderlos, tanto lo que ha pasado como la reacción que ha provocado en mi. Es una especie de terapia conmigo misma.
Pero, hay otros momentos en que no sé exactamente qué ha sucedido, a qué estoy reaccionando. Parece que no ha pasado nada relevante, pero yo estoy revuelta y no sé por qué. En esos momentos utilizo otro tipo de escritura. Algo que yo llamo (creo que no soy la única) ESCRITURA AUTOMÁTICA. Consiste en no pensar en absoluto lo que vas a escribir, no darle ningún orden, ni siquiera lógica. Dejar salir las palabras y las frases sin ningún filtro. Así salen las emociones, sean las que sean. Luego lo lees y descubres esas emociones, y quizá entonces empiezas a vislumbrar de dónde vienen.
Generalmente, en estos escritos suelen aparecer un ritmo e incluso rima, no sé por qué. Pueden llegar a considerarse poesías, solo que suelen ser muy crípticas, con un lenguaje simbólico muy personal, o con demasiado desorden. Para incluirlas entre mis poemas, tengo que retocarlos. Pierden espontaneidad, pero ganan coherencia.
Dejo un ejemplo de un texto automático, y en la siguiente entrada («Identidad, Escritura automática»), el poema en que decidí convertirlo.
<< Identidad… sin huellas que me señalen. ¿Es así? ¡Maldito tiempo el perdido! Memoria fallida, dormida siempre en sus estúpidas sonrisas de bondad. ¡Oh, ligera! ¡Oh, belleza! No puedes decir que sí a todo. No puedes decirte palabras hermosas para los oídos de otras cabezas, para otros corazones. Cantas, cantas… ¡Oh, latido! ¡Oh, mirada indiscreta! Muda, muda… Mejor muda que decirlo. Las personas así opinan. Lo piensan, quizá, y no lo dicen. Como tú, ¿no? Como el mundo, siempre. Identidades para conocerse, para ser conocido. No son necesarias para entender, si tú no sabes quién eres. Si durmiendo no se cura, mal, mal, mal… ¡Malditos sueños! ¡Malditos días vividos sin haber despertado! Do los Ángeles vuelan y ríen y dan muerte a los demonios más débiles, a los demonios que estaban sentados esperando. ¡Esperando! ¡Ángeles traidores! ¿Quién los llamó demonios? ¿Quién los dejó encerrados? Ellos, mudos, sentados, mirando y esperando, hasta que aquellos rieron, crueles… Les tenían miedo. Les soñaban fuertes. Llegaron volando y no les dejaron tregua, acorralados en el único espacio que habían conocido en toda su vida, su celda, su castillo, su fortaleza-trampa… Frío y fuego, frío y fuego, frío y fuego hasta que las rocas se quebraron, las rocas de sus manos. Ave, Ave, Ave, vírgenes; Ave, fénix, renace, crece, multiplica tu fortaleza en la espera, y no esperes más, no te sientes de nuevo, no te encierres en castillos. Te llamaron demonio, nombraron Neo-ángel a tus cenizas, ángel gris. Gris como el cielo de tu vida. ¡Oh, celeste! ¡Oh, cielo! ¡Paraíso! Para eso te querían. Para no ver más colores que el gris de sus vidas. No a la luz, no al arcoíris. Te llamaron demonio, blancura mía… ¡Ni ángel, ni demonio! ¡Fantasmas de una vida gris! ¡Ave, virgen blanca, grande, esperanza, espera, visionaria! ¡Renaces! ¿Qué otra identidad? Ni ángel, ni demonio, ni gris, ni arcoíris. Espectro de color, blancura, ave libre, ave simple, ligera, suelta, única. Yo seré tu manto azul de raso, y en la perfecta lejanía ninguna flecha alcanzará tu corazón, tu voz, tus ojos, tus pulmones, nadie dará muerte a las líneas de tus manos. Nadie entiende el lenguaje de tus dedos. Bendigo lo que rozo y maldigo lo que toco. ¿Y tu nombre? Soy yo.>>
Apuesto a que sientes confusión al leerlo…